Reflexiones sobre la vida

¿Qué huella estás dejando en la vida de los demás?

Actualmente llevamos un ritmo muy acelerado de vida, constantemente tenemos en mente hacer mil cosas y esto nos lleva a no pararnos a pensar ni un solo instante sobre nosotros mismos.

Ahora es el momento de dedicarte un tiempo para ti, sin hacer nada, tan sólo cierra los ojos y medita…

Vamos a descubrir qué huella estás dejando en la vida de los demás

¿Te sientes perdido ante esa preocupación que tienes en mente prácticamente todo el día?, ¿no encuentras la manera de salir de esa situación? ¿tu vida parece que se va derrumbando, que no te salen bien tus proyectos?

Piensa en todas las cosas que ansiabas tener hace unos años y cuáles se han cumplido, el esfuerzo que te han supuesto, los sacrificios y sufrimientos.

De estas cosas recuerda las que te han hecho realmente feliz, las que volverías a repetir una y mil veces.
También en aquellas que te parecían importantes y por las que sufriste y luchaste pero que ahora con el paso del tiempo las ves diferentes, ya no son tan relevantes.  Quizás te utilizaron y no eras consciente, quizás buscabas satisfacerte a ti mismo, alcanzar mayor éxito, ser reconocido…
¿Merecieron la pena? ¿eres mejor, más persona ahora que ya las conseguiste?, ¿te sientes más lleno y feliz?, o por el contrario, ¿sigue interiormente esa inquietud que no te deja descansar…?
Reflexiona un momento en lo que tienes en mente para tus planes futuros y contéstate a ti mismo: ¿cuáles crees que son los que verdaderamente merecen la pena que luches por ellos? ¿Cuáles piensas que te harán feliz?
¿Son imprescindibles en tu vida? ¿Son caprichos? ¿Quizás anhelos innecesarios para llenarte o matar el aburrimiento? ¿hasta qué punto te sacrificarías?
Los años van transcurriendo inevitablemente por tu vida, cuando miras hacia atrás, el camino ya transcurrido, ¿qué ves? ¿Qué huella estás dejando en los demás? ¿Vas dejando un surco de amor en lo que haces?

Podemos caer en el engaño de vivir para nosotros mismos, anteponiendo nuestros intereses al bien de los otros.

Quizás estés dejando un recuerdo de una mirada agria, gris, ansiosa… un hacer las cosas renegando…
Pudiera ser que estés haciendo cosas por los demás pero no con verdadero amor, si no buscando en el fondo que te quieran más, que piensen bien de ti, al fin y al cabo, lo haces por compromiso o por algún interés.
Reflexiona sobre esto, es importante conocer cuál es el fin de los que cada día llevas a cabo, no eres una máquina programada que actúa por inercia o mandato de otros. Es importante que encuentres un sentido en tu obrar.

Céntrate en ti mismo, ¿qué quieres de esta vida?, ¿para qué vives?

Incluso hacer las tarea, la cena, acompañar a un familiar al médico o llevar a los hijos al colegio… todo tiene un sentido, forma parte del proyecto de tu vida. Del maravilloso proyecto que tiene Dios para ti, si te dejas…
Reflexiona sobre este proyecto que se está llevando a cabo poco a poco en tú vida, hacia qué fin te diriges, ¿lo tienes presente o tus días transcurren sin un rumbo?

¿Creés que vas por el buen camino o debes cambiar algunas cosas, alguna actitud?

Ese problema o sufrimiento que te aplasta puede también tener un sentido para tu vida, en ocasiones son la consecuencias de nuestro propio egoísmo que nos encierra en nuestro mundo y va dejándonos una vida vacía, sin sosiego, sin paz…
En otras ocasiones, esas situaciones surgen porque la vida es como una continua carrera llena de obstáculos que solventar. 
Discernir el camino correcto hacia la meta no es fácil. Pero tienes a tu alrededor quienes se preocupan por ayudarte, abre bien los ojos y los verás, escúchales, no te cierres a sus consejos. Te hablan con cariño para tu bien.
Se muestran de muchas maneras distintas: un pensamiento, una intuición, una lectura, una palabra dada en un momento determinado, un acontecimiento… Esto se visualiza en tus padres, familiares, profesores, catequistas, sacerdotes, amigos… Personas que Dios manda a tu vida para hablarte según la verdad.
Sin embargo también hay quienes te engañan y te dicen aquello que te va a llevar a más dudas y a más sufrimientos.
Pero no sólo tienes a tu alrededor a estas personas, a su vez tienes a Ángeles que Dios te va enviando, a tu ángel de la guarda que desde el seno materno tiene el mandato divino de guiarte y velar por ti, él te habla por medio también de tus pensamientos.
No olvides a tu madre del Cielo, María, que con inmensa ternura cuida de ti.
Y por supuesto, tienes a Dios que como Padre tuyo que te creó constantemente te está indicado el camino para que llegues a contemplar su rostro de amor y encuentres la paz y felicidad que ansías.

En la Constitución pastoral del Concilio Vaticano II, la Gaudio et Spes, se habló del lugar donde puedes fácilmente escuchar la voz del Señor: ç

“la conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquella”.

Pero contemplar el rostro de Dios no será posible si no eres capaz de verlo en los demás y esto será cuando tu vida la dirijas a dar lo mejor de ti, a dar tu tiempo, tus virtudes otorgadas.. Cuando hasta tu conocimiento y en definitiva, todo tu ser, lo regales a los demás.

Darte a los demás por amor a ellos y a Cristo que se dio gratuitamente por amor a ti y muchos para encontrar el sentido de nuestra vida.

¿Cuál es entonces este sentido de tu vida?…

vivir para amar como Él lo hace cada día.

Sólo así, viviendo de esta manera, el sufrimiento cobra un sentido, se acabaron las lamentaciones y llantos, se acabó el que vivas inmiscuido en tus preocupaciones. Se acabaron tus proyectos muchas veces ilusorios que no te llevan a ninguna parte, tus ideales y tu búsqueda de llenar el vacío con afectos y amores pasajeros y placenteros.

Todo cobra un nuevo sentido porque descubres que has sido creado para dejar en los demás la huella del amor de Dios.

Desprendiéndote de tus egoísmos y tu vida acomodada, dejando atrás esa persona encerrada en sí que tan sólo ansiaba llenarse así mismo.
Y descubres que ese sufrimiento es el que te va a llevar a encontrarte con Cristo que es el ÚNICO que puede ayudarte a aceptarlo. El único que te va a acompañar a ese encuentro de amor del “amado con la amada” (Cántico de San Juán de la Cruz. Subida del monte Carmelo) para que le entregues a Él la carga de tu cruz que la transforma en algo llevadero y suave.

“Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso… y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt. 11, 28.29b.30).

En esa noche oscura de la que nos habla San Juán de la Cruz es donde tiene el encuentro con la Verdad que nos ilumina. En la oscuridad, cuando estamos sumergidos en nuestros sufrimientos y problemas, no vemos nada claro, no hay una luz que nos ilumine la vida y no entendemos nada.

Por eso necesitamos a Cristo que da sentido a lo que nos acontece, lo vemos con los ojos de la fe.

De esta manera también tú puedes iluminar a los demás y dejar en ellos una huella imborrable de amor, porque al igual que tú, otros no ven y necesitan que les ayudes.

Incesantemente a tu alrededor te dirán lo contrario: primero tú y luego los demás. Busca tu bienestar, el éxito, la razón, el sentirte realizado libre de hacer lo que te apetezca… Son ideas que se respiran por el pensamiento individualista. Esta corriente ideológica te hace vivir egoístamente y el egoísmo, no lo olvides, es lo contrario del amor.

San Mateo nos puede ayudar a entender dónde está la verdadera vida:

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese así mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida (buscar su seguridad egoístamente) la perderá, pero quien pierda su vida por mi (dándose por amor a los demás, en actitud de servicio) la encontrará. Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?» (Mt.16,24-26).

El mundo está lleno de gente que busca progresar en el mundo laboral, tener fama, ser reconocido por todos, enriquecerse…
Son sociedades llenas de progreso pero vacías de sentido en la vida, personas depresivas y con la vida interior arruinada. ¿de qué les servirá entonces tener tanto si en realidad no son felices?

Preocúpate por lo que de verdad merece la pena en este mundo: ir sembrando amor por donde pases.

Todo lo que haces tiene consecuencias en los demás, para bien o para mal, así te recordarán.

¿Dejarás una huella de egoísmo en los demás o te recordarán con amor?. ¿Qué huella estás dejando en la vida de los demás?

 

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Un saludo y hasta pronto:
ALICIA BEATRIZ MONTES FERRE

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