Persona: varón y mujer. Matrimonio
Educación en familia

Pinceladas sobre el origen del matrimonio y la familia cristiana

El origen del matrimonio y la familia cristiana

Conocer la verdadera naturaleza del matrimonio y la familia cristiana es de gran relevancia dada la gran confusión que hay entorno a esta. Nos puede hacer comprender más facilmente su necesidad de valorarlos debidamente.

Sobre todo a los chicos adolescentes que ya comienzan a sentir interés por el noviazgo, considero que es importante que los padres dediquemos parte de nuestra educación hacia este sentido. Para que tengan un conocimiento certero de un tema tan inquietantemente manipulado y, a su vez, tan profundamente necesario tener.

En estas líneas voy a hacer un breve recorrido por los puntos determinantes de la singularidad del matrimonio y la familia cristiana apoyándome para ello en el Magisterio de la Iglesia católica.

A nuestros hijos les llega una muy diversa información y ven diferentes modos de relacionarse:  parejas que conviven juntas, matrimonios ensamblados, divorcios, matrimonios homosexuales, padres solteros. Muchos tipos de «nuevas familias» en los que todos defienden su unión como fruto del amor. Al tener tantas opciones, pudieran pensar, y con razón, que todas son igual de válidas. Y no digo yo que no puedan darse, pues no soy  yo quien para negarles su deseo de convivir juntos, sí en cambio, soy de la opinión de que no todas son iguales.


Si tienes interés en conocer un poco más a fondo los tipos de amores que hay, en este artículo del blog te lo explico:

¿Quieres amar? Conoce los 12 tipos de amores que hay.


El Directorio de la pastoral familiar nos recuerda:

«La primera de estas tareas que se debe planificar de modo coordinado y definido es evitar la
confusión de la familia con “modelos de familia” alternativos; la aceptación social de este hecho es
una amenaza grave en nuestro momento, porque desnaturaliza al matrimonio y a la familia».

Vivimos en un mundo donde hay exceso de información pero cada vez estamos menos informados. Además, el conocimiento de las cosas nos suele llegar con una gran carga ideológica de partidos políticos, de loobies, de intereses determinados. De esta manera, ya no podemos estar seguros de que lo que se nos presenta es verdadero.

Por esto, la familia es clave, una vez más, para enseñar a los hijos cuál es el origen del matrimonio y la familia cristiana.

Esto le ayudará a conocer toda la realidad tal y como es, y, de esta manera, podrá elegir cuando tenga la edad adecuada, la opción que más considere le conviene para su felicidad. (Aunque para ello antes deberá saber qué es la felicidad, lo cual explico en este artículo).

Podrá elegir en libertad, pues se es plenamente libre cuando conoces todas las alternativas, no solo una parte y decides, de este modo, perseguir la realmente buena, la que te enriquece y te hace crecer como persona. En este artículo te cuento 8 secretos para vivir en libertad.  Y en este otro te podrás informar con más detalles de que es una persona humana, pues debido a su desconocimiento, llegamos a aceptar grandes mentiras.

El directorio de la pastoral familiar nos presenta en el primer capítulo dónde hunde las raíces el matrimonio cristiano y la misión fundamental de la familia cristiana.

Podemos quedarnos con la visión de que es la unión de personas que se quieren, mantienen una convivencia, participan de actividades en común… O redescubrir que se trata de algo mucho más, algo que supera la mentalidad superficial, pragmática y relativista. Una realidad que choca con el individualismo que nos impide apreciar con exactitud en qué consiste una familia.

Partiendo de la realidad social en la que nos situamos, en la introducción del documento anteriormente citado, se nos exponen los diversos desafíos a los que tanto los novios, como los matrimonios y a la par, las familias, se han de enfrentar a diario.

El totalitarismo ideológico que a nivel global se está instaurando progresiva y sutilmente, nos lleva a relativizar incluso la unión del varón y la mujer, a favor de otros modos de convivencia. Hemos pues de estar bien informados, formados y en alerta para no dejarnos arrastrar. Porque sin darnos cuenta lo vamos normalizando y aceptando. Así, lo único que conseguiremos es seguir destruyendo cada vez más el verdadero sentido del matrimonio y la familia cristiana que tienen una gran riqueza poco explorada y entendida hoy.

La ideología de género niega la diferencia sexual del ser humano y ataca directamente a la familia:

“Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, generalmente llamada de gender, que niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y mujer”[1]

Persona: varón y mujer. Matrimonio

La unión sexual de los esposos.

La sexualidad, relegada a simple contacto exterior del cuerpo, se nos muestra como la realización del deseo como fin para lograr ser feliz. Es un egoísmo encubierto que en la adolescencia les llega por medio de las series, películas, música, redes sociales, conversaciones con amigos… Lo importante es el placer, aunque se revista de una relación afectiva, emotiva, cordial, amigable…

Muchas veces el sexo para ellos se convierte en un simple juego sin que sean conscientes de su profundo valor y de las consecuencias que esto les reportará. En este artículo tienes más información: ¿jugamos a médicos o practicamos directamente sexo?

¿Qué es la sexualidad?

Para el que no tenga muchos conocimientos teológicos o no sea un cristiano muy practicante, le puede resultar algo extraña esta afirmación:

«Es la expresión del amor de Dios hacia la humanidad».

Las personas expresamos el amor esponsal mediante el lenguaje del cuerpo, esto es, la sexualidad.

El desprecio a la sexualidad como designio y expresión de este amor, está arrasando con la verdad del amor conyugal y el sentido de la fecundidad humana. Sumergiendo a las sociedades al vaciamiento de los hogares, y lo que es más grave, de los valores y fundamento esencial del sentido de la vida.

Con tan sólo apreciar la parte externa del cuerpo del hombre y la mujer, se puede observar que el uno está hecho para el otro. Sentimos una llamada afectiva hacia el otro pero también una inclinación natural sexual.

Pero esta inclinación nada debería tener que ver con dejarse llevar por los instintos. La sexualidad necesita ser educada y para ello la voluntad es clave, como en tantos aspectos de nuestra vida. En este otro artículo te hablo sobre ello por si te interesa conocer un poco más.

La diferencia sexual, pues, es la imagen de Dios que nos ha creado con una vocación específica al amor.

El matrimonio, dentro de la vocación esponsal, manifiesta esa apertura a la vida por amor. Es una vocación que nace del propio ser de cada persona, inscrita desde su concepción: creados por amor y para amar. Es la unión del hombre y de la mujer, en su comunión, en la única carne, la que es imagen de Dios, como nos recuerda el escritor Yves Semen, Dios es imagen de una comunión divina de Personas y el hombre, según nos sigue indicando en su obra La espiritualidad conyugal según Juán Pablo II, no es imagen de Dios por su espiritualidad, sino por su capacidad de comunión del hombre y la mujer al hacerse una sola carne, en la entrega total de lo carnal, lo espiritual y lo divino.

La sexualidad será, por tanto, no sólo un acto relegado a pura genitalidad propia del que se deja llevar por sus instintos. Si no que se enmarca en una complementariedad del varón y la mujer que realizan el acto sexual como culmen de ese amor que les une. Una donación total del ser. Como Cristo a su Iglesia. Sexualidad y amor van inseparablemente unidos. Por esto “el encuentro sexual necesita del ámbito de un amor fiel y seguro».

Y este amor, el reflejo del amor de Dios, debe ser eterno y exclusivo. Esto explica porque la Iglesia NO acepta las relaciones sexuales fuera del matrimonio: pierden su verdad, su verdadero sentido. Las parejas realizan en apariencia esa entrega del uno al otro en un amor eterno, pero lo hacen superficialmente, pues aún no se han comprometido en esa alianza.

Persona: varón y mujer. Matrimonio

El amor en el matrimonio es plenamente humano, y ser humano significa ser cuerpo y alma.

San Pablo ya se lo decía en su Carta a los Efesios:

«1.Os exhorto, pues, yo, preso por el Señor, a que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados, 2. con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándoos unos a otros por amor, 3. poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. 4. Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados.»

Y aunque San Pablo no se refiere en este texto al matrimonio en concreto, sí que se refiere a la «vocación» a la que toda persona hemos sido llamados: a amar como Dios nos ha amado, esto es, dando nuestra vida por amor a los demás. Unos en el sacerdocio, en la vida religiosa, en la misión… y otros, tema que aquí estamos tratando, en el matrimonio.

La vocación del matrimonio cristiano.

«El matrimonio, no es… efecto de la casualidad o producto de la evolución de fuerzas inconscientes; es una sabia institución del Creador para realizar en la humanidad su designio de amor».

Con estas palabras de San Juán Pablo II en «La Humanae Vitae», podemos introducir la gran diferencia y exclusividad del matrimonio cristiano con respecto a las demás uniones.

Dentro del plan de Dios como creador, el matrimonio cristiano, encuentra su máximo sentido: Dios ha creado el mundo y la humanidad por amor. Una creación en constante crecimiento, llena de vida, donde el ser varón y ser mujer desarrollan su misión como copartícipes de esta creación, dando la vida por amor.

Un amor que manifiesta ese amor de Cristo, Dios hecho hombre, hacia todas las personas. Un amor hasta la cruz, dándose por completo para darnos una nueva vida en Cristo. Experimentando esto es cuando realmente se alcanza la felicidad. Se es más feliz cuando se sale del individualismo egoísta, por esto, a los hijos, es importante que les ayudemos a colaborar, estar al servicio, compartir… en la familia por simple amor.

» En los bautizados el matrimonio reviste, además, la dignidad de signo sacramental de la Gracia, en cuanto representa la unión de Cristo y de la Iglesia» (Humanae Vitae)

Esa donación de Cristo a su Iglesia es lo que se visibiliza en esa comunión incondicional del varón y la mujer en el matrimonio cristiano.

Pero esta llamada no es más que el fruto de la vocación a la que llama Dios a cada uno. Podemos responder a esta llamada libremente, con discernimiento, pero tan sólo será un matrimonio cristiano, cuando, como nos subraya Yves Semen en su magnífica obra ya citada, únicamente refleja el amor de Cristo- Esposo entrega a la Iglesia, su Esposa.

 

Amor y perdón

Los esposos, sabedores de su condición de pecadores, han de apoyarse en la Gracia del Espíritu Santo otorgada en el sacramento del matrimonio y de los demás que ofrece la Iglesia, para así solventar con su fortaleza todas las dificultades. Siendo conscientes de que ya Cristo nos ha salvado y que tan sólo con su ayuda se puede crecer en el amor conyugal salvando las crisis.

Los hijos pueden aprender de lo que observan por ahí que el amor se acaba o pueden, en contra, de sus propios padres, ver como el amor es algo eterno. Es un trabajo diario el mantener vivo ese amor esponsal. Muy lejos del sentimentalismo y el deseo inicial, el amor en un matrimonio cristiano, está siempre enmarcado dentro del perdón. Al igual que Cristo se dió por amor a nosotros perdonándonos hasta el extremo, los esposos están llamados a entregarse y perdonarse por amor.

Este amor, por tanto, ha de encuadrarse en la perfecta comunión entre los esposos: Un amor fiel, comprometido, unitivo, exclusivo y fecundo.

Amor fecundo

Para ello tanto lo corporal, propio de nuestra dimensión afectiva, como lo espiritual, se hacen uno en la entrega propia del varón y la mujer que manifiestan el amor desbordante de Dios que es fecundo y de donde surge la vida.

Muchas parejas van al matrimonio sin conocer este verdadero sentido de la apertura a la vida. Sin embargo, es un requisito que se proclama en el rito sacramental: ¿Estáis dispuestos a recibir de Dios responsable y amorosamente los hijos, y a educarlos según la ley de Cristo y de su Iglesia?.

Esta misión de los futuros padres ha de estar siempre unida a la voluntad de Dios. Porque Él es el Creador y nosotros, sus meros instrumentos colaboradores. No somos dueños de la vida. La vida la da Él. Por esto no podemos decidir arbitrariamente lo que queramos autónomamente. Debemos ser fieles a la vocación a la que Dios nos ha elegido. Los hijos son, como nos recuerda la Exhortación Gaudium et spes, el don más excelente del matrimonio y contribuyen sobremanera al bien de los propios padres.

Persona: varón y mujer. Matrimonio

El matrimonio cristiano debiera ser, dada su singularidad, reconocido, protegido y ayudado por las instituciones del Estado por ser una realidad social indispensable para el bien, fortalecimiento y crecimiento de la sociedad.

La familia cristiana: Iglesia doméstica.

La familia necesita plantearse a qué quiere exponer a sus hijos. Para ello, no se debe dejar de preguntarse quíenes se ocupan de darles diversión y entretenimiento, quiénes entran en sus habitaciones a través de las pantallas… Siempre hace falta una vigilancia. El abandono no es sano.

Estas palabras sabias no son de mi cosecha. Nos las regaló el Papa Francisco en su Exhortación apostólica postsinodal Amoris Laetitia. Bien claro nos recuerda la necesidad que tenemos las familias de tomarnos en serio nuestra misión.

En el seno de la familia cristiana es donde tendrá lugar la educación de los hijos que madurarán como hombres y mujeres teniendo como modelo el amor de sus padres y como centro el amor de Dios que los une. Porque cuando el Papa habla de abandono en la educación, también se refiere al aspecto afectivo. Su carencia en los hijos conlleva grandes secuelas negativas. En este artículo expongo las consecuencias de una incorrecta educación para los adolescentes.

Es una tarea que llevarán a cabo los padres en el seno de la familia con ayuda de la pastoral familiar pero de un modo concreto en su realidad diaria, como una Iglesia doméstica. La familia es lugar privilegiado para transmitir a los hijos la fe y para iniciarles en una vida cristiana para que ellos vayan descubriendo la vocación peculiar del amor a la que han sido llamados. Si la fe no se transmite desde la infancia, dificilmente con los años el hijo podrá sentir ese amor y unión íntima con Dios. Si la planta desde pequeñita no se nutre y protege, difícilmente podrá dar buenos frutos y podrá ser presa facilmente de plagas.

La educación sexual en la familia.

La educación en la familia también y sobre todo, incluye, la educación sexual para que los hijos no caigan ciegamente en el sexo banalizado y egoísta que le ofrece el mundo como camino para ser feliz.

Sobre este tema tengo varios artículos publicados en el blog por lo que no me detendré en esta ocasión. Si tienes interés puedes entrar en el enlace donde aparecen las categorías y echar un vistazo.

La oración familiar

Dentro del matrimonio y en la familia cristiana, la oración cobra una importancia clave para que la Gracia del Espíritu Santo de discernimiento a los padres, los mantenga unidos, sobre todo en los momentos más complicados y participen con fortaleza en la entrega por amor como el sacrificio de Cristo en la Cruz.

La oración es el sostén de la unión familiar. Es la fuente que les alimenta del amor y la sabiduría que regala el Señor. Esta oración en familia calará profundamente en el corazón de los hijos, dejando huellas que los posteriores acontecimientos de la vida no lograrán borrar, como nos recuerda la Exhortación Familiaris Consortio. Pero no limitar esa oración tan solo a la asistencia a misa. Es muy beneficioso procurar momentos íntimos en familia durante la semana, (comidas, después de cenar, en la cama… ), especialmente el Domingo.

La transmisión de la fe es el mayor regalo que podamos los padres dejar en herencia a los hijos. Les abrirá la vía para llegar al Cielo comenzando una vida plenamente feliz en este mundo.

Los jóvenes buscan ser felices y no hay mayor felicidad que entregarse por completo por amor a Dios. Cada uno lo hará en la vocación a la que se le ha llamado. Y si es mediante el matrimonio, ahí es donde van a encontrar la auténtica y eterna felicidad. Lo demás son sucedáneos que se desvanecen con el tiempo.

Tras leer estas líneas sobre el origen del matrimonio y la familia cristiana, ¿entiendes mejor que el matrimonio cristiano, no es igual al resto de uniones?

Un saludo y hasta pronto, con el deseo de que tu familia siempre sea un lugar privilegiado sostenido en el amor de Dios.

 

ALICIA BEATRIZ MONTES FERRER

[1] Exhortación Apostólica postsinodal Amoris Laetitia 2016. 56.

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