El significado del adviento en la Biblia
Adviento y Navidad

Adviento: significado y detalles en la Biblia

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Significado y detalles del Adviento en la Biblia.

El Adviento es un término que nos indica la venida de Alguien. Como señala su origen etimológico es una llegada. En las Escrituras en sí no aparece esta palabra. Sin embargo sí que hacen referencia diversos textos a esta llegada de Jesús, el salvador, el Mesías esperado por el Pueblo de Israel.

La Anunciación (Lc.1,39-56)

El relato de la Anunciación da comienzo al Nuevo Testamento. San Lucas nos expresa cómo se hizo hombre el Hijo de Dios por medio del Espíritu Santo en el seno de una humilde, sencilla y virgen mujer: María.

María estaba comprometida con un joven carpintero llamado José.

El Anuncio del Ángel S. Gabriel tuvo lugar en Nazaret, donde vivían. Allí Dios se fijó en María y tuvo lugar la encarnación. Esta palabra que procede del latín “caro, carnis” significa “carne”. Dios se hace hombre en Jesucristo. Su esencia es divina, su cuerpo humano. Un gran misterio que tan sólo con la fe podemos reconocer.

Este acontecimiento les cambió a los dos la vida para siempre.

María fue muy valiente al decir a la voluntad de Dios ya que esto le supuso una vida llena de persecución y sufrimientos, aunque de inmensa felicidad. Su “” es el si a la voluntad del Señor en su vida para lo que Él quisiera realizar en la historia. Su humildad, su pequeñez, la hizo la Mujer más venerada y amada por los cristianos durante todas las generaciones.

José también recibió la visita del Ángel S. Gabriel que le anunció que ese hijo que María llevaba en su seno era Hijo de Dios y él tendría la misión de cuidar a ambos.

Reflexión sobre el relato de la Anunciación.

José nos demuestra con su aceptación a esta tarea su gran corazón, amor y humildad. Un hombre que entregó toda su vida a amar a su familia. Un verdadero ejemplo de obediencia a la voluntad de Dios sin poner excusas. Sus planes de casarse y formar una familia como tantas otras de su alrededor quedaron totalmente torcidos. Su vida ya no sería la misma, pero esa misión lo elevó a los altares de la santidad.

Tanto María como José son figuras claves en este tiempo litúrgico del Adviento. Su generosa entrega al plan de Dios nos abrió a todos un nuevo horizonte. Ellos nos enseñan a decirle a Dios “Sí” arriesgando también aquello que creemos nos da la seguridad o pensamos nos hace más felices. Porque nada nos puede llenar más que lo que Dios nos regale, aunque no lo entendamos en el momento.

Los profetas del Adviento:

El adviento procede el término latín “Adventus” que significa “llegada”.

Muchos fueron los profetas que Dios eligió en el Pueblo de Israel muchos siglos antes del nacimiento de Jesús. Miqueas, por ejemplo, ya hablaba de este acontecimiento (Mq.5,2-5).

Sin embargo, el profeta por excelencia del anuncio de esta llegada del Mesías fue Isaías.

El profeta Isaías. (Is. 53,11)

Isaías, comenzó a predicar el mismo año en que murió el rey de Judá, Ozías, en el 740 a.C.

Sus mensajes eran de ánimo ante tanto sufrimiento que tenía el Pueblo, constantemente sometido a enfrentamientos contra otras naciones e incluso deportaciones y exilios. Este profeta anuncia el salvador, el Mesías, 8 siglos antes de su nacimiento.

Sus lecturas son empleadas en la liturgia durante las celebraciones eucarísticas del tiempo del Adviento.

A nosotros también van dirigidas estas palabras de esperanza, pues todos estamos sometidos al sufrimiento que nos provoca el pecado y del que tan sólo Cristo puede liberarnos.

San Juán Bautista.

Cuando el Ángel S. Gabriel visitó a María, le anunció también que su prima Isabel, mayor y estéril, que no podía tener hijos, estaba ya embarazada de 6 meses. Así que María fue a estar con ella y ayudarla durante 3 meses.

Su visita quedó para siempre recogida en el cántico del Magníficat, donde Isabel, embarazada de S. Juán Bautista, proclama cómo María está embarazada del mismo Señor. (Lc.1, 46-55)

El Benedictus, es un cántico que lleno del Espíritu Santo proclamó Zacarías, el padre de San Juán Bautista, tras su nacimiento. En este ya se profetizaba lo que su hijo haría:

“y tu, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos” (Lc. 1, 76).

Y efectivamente, así fue. San Juán anunciaba a los israelitas que él bautizaba con agua para la conversión pero vendría otro que lo harían con Espíritu Santo y fuego (Jesús) (Lc. 3, 16)

San Juán Bautista fue el último profeta antes de que comenzase la vida pública y la misión de Jesús.

La espera de Jesús. El adviento.

Este tiempo de espera está representado en el embarazo de María hasta el nacimiento de Jesús. Pero esta espera también se hace realidad en cada uno de nosotros si realmente deseamos que nazca este Niño Dios en nuestra vida.

Por esto nos preparamos con gran alegría en el Adviento. Preparamos nuestro corazón, muchas veces duro como una piedra, herido por nuestras faltas. El Adviento se convierte en un tiempo de reflexión ¿tenemos una actitud de humildad, reconociendo que necesitamos de Jesús? ¿Esperamos a Jesús sabiendo que Él es el que da sentido verdadero a los acontecimientos que nos suceden? ¿O quizás tan sólo esperamos con ansias los regalos de la Navidad y las vacaciones?

Hemos visto como María y José humildemente aceptaron a Jesús en sus vidas. No se rebelaron aunque no entendían muchas cosas que les sucedían desde el mismo Anuncio del Ángel. Confiaban en Dios y se dejaban llevar por Él. Dejaron sus vidas cómodas para emprender una vida llena de peligros y dificultades.

A nosotros también Dios nos hace una petición: abrir nuestro corazón a Jesús, dejarnos inundar de su amor y vivir aceptando la voluntad de Dios aunque nos cueste o no la entendamos.

Ser cristiano es cada vez más difícil en una sociedad que desprecia a Dios. Se busca la seguridad en las cosas materiales, el dinero, el poder, la ropa, el deporte, el placer, los amigos, el novio… Las personas podemos caer en buscar llevar una vida cómoda sin preocupaciones y se quitan las responsabilidades que molestan de encima.

Esto llena por fuera pero deja vacío el interior. El cristiano sabe que el alma es lo que realmente hay que llenar pues no hay mayor riqueza que tener el corazón lleno de su amor.

El cristiano sabe que  todo lo que nos aparta de Dios hemos de despreciarlo. A veces hay amigos que nos llevan a hacer cosas que nos alejan de Jesús, por ejemplo. Así nunca podremos prepararnos bien para la llegada de Jesús.

Por esto el Adviento es un tiempo de reflexión. Para que meditemos sobre lo importante. Es un tiempo de conversión, para que lo pongamos a Él lo primero en nuestras vidas. Es un tiempo de confianza para que nos dejemos llevar por su voluntad.

Tan sólo necesitamos de su amor y lo demás irá viniendo sólo. Podremos perdonar, ser amables, esforzarnos en hacer las tareas y el trabajo con alegría, ayudar y colaborar sin renegar… Tendremos una vida más serena, con una continua y cercana relación con Dios en la oración, viviremos más en paz y seremos así más felices.

Pero sobre todo, seremos capaces de poder mostrar al mundo que esta espera del Mesías, de Jesús, es la espera de toda nuestra vida. El Adviento se convierte en un camino de preparación hacia el encuentro con Dios en la Vida Eterna cuando vuelva Jesús a llevarnos con Él.

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Un saludo, la Paz y hasta muy pronto:

ALICIA BEATRIZ MONTES FERRER

 

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