Cuento navidad. Valor la gratuidad
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Cuento de Navidad. Virtud la gratuidad.

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Cuento de Navidad: «El sueño de Marcos». Virtud: La gratuidad.

En este cuento  reflexionaremos sobre el valor de la gratuidad. Ser agradecidos por las cosas que tenemos. En especial durante este tiempo de Navidad.

Esta época nos envuelve, sin darnos cuenta, en un gran consumismo. La publicidad constante nos hace sentir necesidad de cosas que quizás no necesitemos realmente, nos hace caer en las compras compulsivas y en el materialismo. Poco a poco, de esta manera, vamos perdiendo el verdadero sentido de la Navidad y nos sentimos menos felices.

Este cuento nos ayudará a descubrir cómo vivir con mayor gratuidad.

CUENTO: «EL SUEÑO DE MARCOS»:

Eran las 8 de la tarde cuando Marcos se quedó dormido sobre su cama con un folleto de publicidad de juguetes entre sus manos. Se estaba imaginando todo lo que quería pedirse para los Reyes Magos en la navidad que ya se acercaba. Conforme transcurrían los días de la tan ansiada noche de Reyes, su lista de deseos iba aumentando a ritmo acelerado.

Sin darse cuenta se sumió en un profundo sueño.

Abrió los ojos y se sorprendió de lo que podía contemplar ante él: una aldea construida con edificios en forma de juguetes, toboganes que salían desde las ventanas a la calle. Los colegios tenían forma de vagones de tren, giraban sin cesar norias con caramelos a rebosar de sus vagonetas. En los árboles lucían gigantescas piruletas, las nubes del cielo eran esponjosos algodones de azúcar. Las fuentes de las plazas hacían correr ríos de palomitas de maíz y todo vibraba con alegres y luminosas luces de colores.

«¡Vaya navidad tan divertida están pasando en este poblado!»- exclamó Marcos con la boca abierta y los ojos desencajados del asombro.

Los niños jugaban y comían chucherías a sus anchas, hacían lo que querían sin que hubiesen adultos que les indicaran normas a seguir.

Pero lo que más le llamó la atención a Marcos fue que los niños tenían sus ropas de colores muy oscuros ,viejas y rotas.

En sus rostros no habían sonrisas, estaban tristes y jugaban solos.

Se acercó a un grupo de niños para jugar pero ninguno le hizo caso.

Volvió a caer en un profundo sueño y al despertar, de nuevo vió la imagen de una aldea. Esta vez era otra bien distinta. Sus edificios estaban viejos, algunos parecían como si fuesen a derrumbarse de un momento a otro. Las calles no tenían asfalto ni aceras. Tampoco habían farolas para iluminar por las noches, ni jardines o parques donde pasear, jugar y disfrutar de la naturaleza.

Observaba todo con gran tristeza cuando de repente un gran alboroto se comenzó a oir al final de una calle. Un grupo de niños se acercaban corriendo hacia él jugando detrás de un viejo y roto balón.

Al momento se encontró rodeado de un buen grupo de niños. Sus vestimentas relucían y brillaban como si fuesen estrellas de muchos colores.

En sus rostros se dibujaban sonrisas de intensa felicidad.

Uno de ellos, de pequeña estatura y algo rechoncho, con una gran sonrisa en su cara, le colocó el balón bajo sus pies. Todos los demás niños le animaban a unirse al juego con ellos.

Marcos no daba crédito a lo que estaba viviendo, así que les preguntó que cómo era posible que estuviesen tan felices si ni siquiera tenían unas casas en condiciones para vivir, en un lugar tan pobre y tan sólo con un roto balón para jugar todos.

Tenemos todo lo que necesitamos para ser felices: unos padres que nos quieren mucho, nos cuidan y educan. Un balón para poder jugar todos juntos y tenemos amigos con los que divertirnos y disfrutar». Le constestó el amigo que se le había acercado con el balón.

Tras jugar con ellos y pasarlo fenomenal durante un buen rato, volvió a quedarse dormido.

Al despertar comprobó que seguía tumbado en su cama con el folleto de publicidad de juguetes aún en sus manos. Recordó todo lo que había soñado. Lo recordó con tal intensidad que le parecía real.

Se dió cuenta que él no era tan feliz como esos niños de la aldea pobre. Se pasaba los días triste e infeliz, protestando por aquello que no tenía. Sus deseos y pensamientos giraban entorno al último juego de la Play, las zapatillas de su jugador favorito o una nueva sudadera.

Sin embargo, mirando a su alrededor vio que tenía la habitación llena de juguetes que ya ni usaba. De ropa y zapatillas de deporte que apenas se ponía.

Teniendo de todo no era feliz.

Sus padres se esforzaban por educarle y aunque pasaban poco tiempo juntos, cuando lo estaban, no apreciaba realmente su amor hacia él.

Se parecía más a los niños de la primera aldea, tenía de todo pero su corazón estaba triste.

Desde ese momento decidió regalar gran parte de lo que tenía a los niños más necesitados.

Y ese año, a los Reyes Magos les pediría tener un corazón más agradecido a Dios por todo lo que le regalaba cada día. Tener todos los días presente la gratuidad de la vida que se le mostraba en pequeños detalles.

MORALEJA DEL CUENTO:

Este cuento nos enseña la virtud de la gratuidad en nuestra vida.

La felicidad depende en muchas ocasiones de la actitud que tengamos ante las cosas, de nuestro interior.

Pero la verdadera felicidad se logra cuando apreciamos la gratuidad del amor de Dios en nuestra vida.  Seremos realmente felices cuando nos demos cuenta de que todo lo que tenemos nos lo regala Dios. No necesitamos más porque con Él nos basta.

Valorar las pequeñas cosas, la familia y los amigos es un buen comienzo, como nos enseña este cuento, para aprender la virtud de la gratuidad.

COMPÁRTELO!!

Puedes verlo en el canal de YouTube Educando con fe y razón:

Un saludo, la Paz y hasta muy pronto:

ALICIA BEATRIZ MONTES FERRER

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