La virtud de la paciencia en tiempos de cuarentena
Educación en familia,  Virtudes y valores

Ahora la virtud de la paciencia más que nunca

La virtud de la paciencia en tiempos de cuarentena

Nos enfrentamos a una situación jamás imaginada hoy en día salvo en las películas de ciencia ficción: ¡¡¡¡encerrados en nuestros hogares sin salir!!! Ahora la virtud de la paciencia es más necesaria que nunca.

Si no ¿Cómo lograr conseguir sobrevivir tantas horas dentro de casa durante esta pandemia?

Sea la situación que sea en la que te encuentres vas a necesitar mucho muchísimo de la virtud de la paciencia.

Cuarentena- Cuaresma- Conversión

Estamos precisamente en cuaresma, un tiempo de oportunidad que nos da la Iglesia para convertirnos. Pero, ¿de qué nos tenemos que convertir?

De nuestra incapacidad de amar. Porque la falta de paciencia nos viene tan sólo de eso, de no poder amar y aceptar que somos limitados, que no podemos todo, que somos débiles, que cualquier cosa nos molesta… Por esto Cristo viene a nuestro encuentro para salvarnos de esos pecados que nos sumergen en un oscuro abismo y gran tristeza interior.

No importa tu situación actual de estos días, para todos viene el Señor. Esta cuarentena es una cuaresma de conversión para reconocer que tan sólo con Dios podremos vivir día a día con alegría, bendiciendo al Señor por la vida. No importa estar encerrado o salir fuera a hacer cosas.

El problema está en nuestro interior, en nuestro corazón.

 

Continuamente llenamos el tiempo de actividades, hacer cosas, para así huir de la rutina, de los compromisos con la familia, de la carga de los hijos. Llenamos el tiempo en hacer cosas para nosotros mismos para llenar nuestro ego, para nuestra satisfacción.

Ahora todo se ha detenido.

Quizás estabas acostumbrado a salir a correr todos los días y ahora no puedes. A tú vida ajetreada de trabajo- casa, trabajo- casa, y ahora se te ha cortado de golpe. Puede que todos los días charlaras con tus vecinos dando un paseo o por las mañanas podías hacer las cosas de la casa o lo que necesitaras con más tranquilidad, mientras estaban los niños en el colegio…

Pero ahora, todo es diferente, los planes y proyectos que teníamos, las rutinas y costumbres, el orden que habíamos adquirido para manejarnos mejor en el día a día, todo se ha ido al garete.

La paciencia la necesitamos diariamente en nuestras vidas.

Me estoy acordando de una amiga que está en silla de ruedas y vive sola, de otra que está mayor y muy delicada de salud y también vive sola o como mi abuela con 88 años. Me estoy acordando de otra amiga que es sanitaria y tiene que enfrentarse cada día a esta situación tan delicada y desesperante, sin apenas suficientes recursos en el hospital, con miedo y llevando a la par su casa adelante. También mi amiga que, con sus muchos hijos  y viuda, tiene que enfrentarse todos los días a permanecer pendiente de las tareas de sus hijos, la limpieza, la comida, las ropas… Me estoy acordando de todos aquellos que continúan trabajando durante muy largas jornadas, en invernaderos, en almacenes y cooperativas, en condiciones poco saludables, para poder suministrar alimentos a los supermercados, para que no nos falte de nada y vayamos a comprar con tranquilidad, no vaya a ser que faltándonos algún detalle para la comida nos vayamos a morir de inanición antes que por contagio del coronavirus.

Me estoy acordando de tantas y tantas familias encerradas en sus casas. Agobiados porque todo está desordenado, porque los hermanos no dejan de discutir, porque se aburren los pequeños y quieren ir al parque. Las madres, las superhéroes de las que no se habla, se multiplican haciendo mil cosas por su familia y esto supone mucho sobre esfuerzo que nos puede crispar los nervios.

Porque el problema está, quizás, en que nos habíamos creído la gran mentira de que la vida es vivir tranquilos, sin muchas complicaciones, cómodos en nuestro pequeño espacio de confort.

Y ahora, unos por demasiada soledad e inactividad y otros por excesivo ruido y trabajo en casa, nos quejamos día y noche de esta situación tan penosa.

Aprovechemos esta cuaresma para ejercitar la virtud de la paciencia porque sin ella estamos condenados a vivir unos días realmente terribles.

La falta de la virtud de la paciencia genera: mal humor, estado de nerviosismo, ansiedad, rabia, agobio, estrés… todo, aspectos negativos que van quedando dentro de nosotros y repercuten en nuestra salud, pero sobre todo en nuestra alma. Genera incapacidad de ver la realidad con objetividad, provoca enfrentamientos con los demás por cosas incluso sin importancia, nos lleva a un estado de continua susceptibilidad, de crítica, de enfado…

Necesitamos de la virtud de la paciencia para aceptar esta situación. Y yo la primera. Ser paciente no es aguantar, no es resignarse ante las dificultades. Ser paciente no es esperar a que pase el chaparrón hasta que escampe y mejore la situación.

El Apóstol Santiago en su carta nos dirá:

«Considerad como un gran gozo, hermanos míos, el estar rodeados por toda clase de pruebas, sabiendo que la calidad probada de vuestra fe produce la paciencia en el sufrimiento».

 

El día a día está lleno de pruebas, muy duras en ocasiones. Tan sólo la fe en que Cristo está ahí sosteniéndonos puede hacernos entrar en el sufrimiento, en la cruz, con paciencia. Y podremos amar a nuestro marido o a nuestra esposa cuando el roce diario se hace difícil. Podremos ayudar a nuestros hijos a hacer los deberes con más amor y paciencia. Hacer la comida o doblar calcetines, de los cuales yo tengo a montañas. Podrás darte con verdadero amor a tus pacientes, podrás aceptar tu soledad.

Ser paciente es aceptar con humildad esa situación que tanto nos oprime.

El sufrimiento no tiene sentido si lo separamos del amor hacia los demás y hacia Dios, del sentido de nuestra vida como servicio hacia los demás y para Dios.

Yo durante muchos momentos del día estoy que me tiro de los pelos porque, entre otros motivos, mis dos hijos últimos son unos trastos de mucho cuidado. Pero, aunque me enfade con ellos o con los mayores, aunque discutamos y tengamos momentos tensos, la paz interior no me la quitan esas situaciones porque la oración me sostiene.

La oración es el antídoto perfecto que nunca falla. En estos días más que nunca os invito a orar más sinceramente, permanecer más en contacto con las Escrituras. Aprovechemos también los medios que internet nos ofrece para rezar laudes, vísperas, el Santo Rosario en familia o el Padrenuestro. Orar por los enfermos y los difuntos, por sus familiares, por el fin de esta pandemia. Orar para que todos podamos vivir estos días como una oportunidad única de permanecer más tiempo unidos con el Señor. Porque tan sólo así, aunque estemos encerrados, podremos realmente vivir con una auténtica libertad interior que procede del amor. De esto bien entienden los monjes y monjas que viven muy felices dentro de sus conventos y monasterios.

¡Animo!! No estamos solos, la Iglesia entera permanece en oración. Comienza a practicar esta virtud desde hoy mismo y verás que pronto dará sus frutos. Ten paciencia, como dice el salmo 27:

«Espera en el Señor, ten valor y firme corazón».

Aquí te dejo el vídeo que he hecho. No dejes de suscribirte y compartirlo:

https://youtu.be/NMULqOdWpU4

Un saludo, la paz y hasta muy pronto.

ALICIA BEATRIZ MONTES FERRER

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