El superhombre aparta a Dios

El superhombre aparta a Dios
Tiempo de lectura: 8 minutos

EL HOMBRE DESPRECIA A DIOS DE SU VIDA

Si prestamos atención a nuestro alrededor no es dificil observar que nuestras sociedades son muy progres, tecnológicamente hablado, pero están vacías de valores. Donde el hombre, autoproclamado superhombre aparta a Dios de su vida para proclamarse así mismo dios.

El desprecio del hombre hacia Dios no es algo nuevo, sí que lo es, en cambio, el vacío interior de los valores humanizadores que defienden la dignidad humana, la vida. Antes, incluso los no creyentes, en general defendían unos principios universalmente válidos, una verdad intocable, inviolable para todos, el respeto a la vida humana, el respeto hacia el otro, la capacidad de sacrificio y entrega por amor.

Esto se ha perdido y cada cual busca satisfacer sus anelos y deseos egoístamente sin importarle la vida de los demás.

El hombre se ha autoproclamado dios con sus terribles consecuencias.

¿Te animas a saber más?

Nos puede ayudar a comenzar esta reflexión una de las cartas de San Pablo a la comunidad de Tesalónica. La lectura la puedes encontrar al completo en 2 Tes. 2, 1-17

En muchas ocasiones leemos o escuchamos textos de las Sagradas Escrituras y con suerte, puede que algo entendamos. Sin embargo aterrizar su significado a nuestra propia vida, ahora en el siglo XXI, puede resultar a veces más dificil.

Esta carta se la escribió S. Pablo a esta comunidad porque andaban preocupados y nerviosos pues pensaban que la venida de Jesuscristo, tras su resurrección, iba a ser pronto. Por ello, este apóstol, les hace unas indicaciones sobre los signos que antes debían de darse para esta segunda venida del Cristo.

Signos que ya están presentes en nuestra sociedad. Han transcurrido muchos siglos desde que el discípulo de Jesús escribiera esas palabras. No obstante, no quiero decir evidentemente, que ya nuestra generación sea la elegida para que tenga lugar este hecho. De hecho, pueden transcurrir muchos más siglos. Pero lo importante es que alcancemos a apreciar cómo las Escrituras se cumplen hoy en día en nuestra sociedad.

Comienza San Pablo con estas palabras:

«Que nadie en modo alguno os desoriente.  Primero  tiene que llegar la apostasía y aparecer la impiedad en persona, el hombre destinado a la perdición, el que se enfrentará y se pondrá por encima de todo lo que se llama Dios o es objeto de culto, hasta instalarse en el templo de Dios, proclamándose él mismo Dios…»

Estas palabras tan duras van dirigidas para nosotros hoy.

Este es el hombre de hoy en día que se pone por encima de Dios. Es el superhombre que se autoproclama dios  y aparta de su vida a Dios su creador. Pretendiendo autoconstruirse a su antojo.

Pero contínua expresando en su discurso cómo tendrá lugar la llegada de este hombre, al que llama el impío.

Se deja arrastrar por Satanás, que le promete, con mentiras, poder y vanagloria. De este modo dice que vendrá…

«…con señales y prodigios falsos y con toda seducción que la injusticia ejerce sobre los que se pierden, en pago de no haber aceptado el amor a la verdad que los habría salvado. Por eso Dios les manda un extravío que los incita a creer a la mentira«

Nuestros primeros padres, Adán y Eva, creyendo a esa mentira del Demonio, se apartaron del amor de Dios.

El superhombre

Quisieron ser como Dios. Dioses, superhombres, que dirigiesen sus vidas por sí mismos apartando a Dios de su vida.

Pretendieron hacer lo que les parecía más conveniente a ellos sin tener en cuenta esa ley natural que Dios había puesto que indica el bien y lo bueno que se ha de seguir para lograr ser feliz.

Escucharon las mentiras del Demonio y aceptaron la tentación. Esta les llevó a romper esa relación íntima y amorosa con Dios.

Creyeron saber hacer las cosas mejor que Dios. Se alejaron de su voluntad la cual iba dirigida a regalarles una vida plenamente feliz en ese paraíso terrenal.

Dios nos ha creado a todos libres. Y en esa libertad podemos elegir su voluntad, podemos elegir aceptar esa ley. Asumir esas pautas y guías morales que nos indican por donde caminar para no perdernos y no ser como ese «hombre destinado a la perdición« del que habla San Pablo en su carta.

LA MUERTE DEL SER

Adán y Eva eligieron mal.

Esto les llevó a la muerte ontológica que es el pecado, la separación del amor de Dios. No quisieron aceptar «el amor a la verdad que los habría salvado«.

El hombre, el ser humano, que se cree ser un superhombre y que no acepta este amor de Dios en su vida, se encuentra como nuestros primeros padres: extraviado con una constante invitación a creerse a la mentira.

Es una realidad que hoy San Pablo nos recuerda también a nosotros y que está muy presente en nuestra sociedad. Es una tentación de querer destruir todo lo que Dios crea con amor y que engendra vida. 

Tal es el caso de la unión esponsal destruida en favor de los divorcios fáciles y rápidos, la vida de una nueva creatura que es abortada, la de un enfermo que es, mediante la eutanasia tal y como explico en este artículo, quitado del medio.

El Superhombre

LA DESTRUCCIÓN DE LA NATURALEZA HUMANA

Pero el atentado mayor lo podemos apreciar en un acto más averrante.

En la presunción de querer acabar con la verdadera esencia y antropología de la propia naturaleza humana.

La ideología de género en nuestra civilización occidental pretende construir una nueva humanidad: el superhombre del que nos hablaba Nietzsche.

Este es el hombre que aparta a Dios como creador para construirse el mismo según sus sentimientos y deseos.


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San Pablo dirá que al no haber aceptado el amor a la Verdad... «Dios les manda un extravío que los incita a creer a la mentira. Así, pues, hermanos – les decía y nos dice- manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosostros…»

La ideología de género engendra una semilla en el interior del hombre que es la mentira. Que le va destruyendo  por dentro desde su misma raiz.

Es la misma mentira que Adán y Eva se creyeron: Poder llevar la vida cada uno según su propio parecer subjetivo en base a unos ideales, sin agarrarse a una verdad que les guíe. Sin una ley natural y universal útil para todos los humanos.

En la vida hay muchos caminos y el amor de Dios es la lucecita que nos va marcando el sendero por donde pisar para no desviarnos. Es el motor que da fuerza a nuestra vida. Es el fin al que dirigimos todo lo que hacemos.

El Superhombre

Hay otros caminos, claro está, pero unos le  harán perderse a este superhombre en bosques sombríos y tenebrosos. Otros caer en pantanos y ciénagas.

También podrá encontrar caminos que parecen de cuentos de hadas pero que no son más que eso, un cuento que se desvanecerá quedando la nada...

Caminos que llevan a un final amargo, vacío, porque el motivo que  ha llevado hasta allí no ha sido el amor. El fin ha sido dar satisfacción a su propio instinto, su ansia de realizarse a sí mismo sin tener en cuenta a los demás.

En la vida nos encontramos constantemente con tentaciones que nos incitan a buscar nuestro bienestar, nuestro propio éxito. Las cosas del mundo tangible nos seducen y nos engañan.  Nos hacen creer en ese superhombre como el que todo lo puede. Haciéndonos pensar  que esas cosas nos reportarán más seguridad y felicidad.

Buscamos la paz y la confundimos con relax, ansiamos amor y  lo confudimos con placer y deseo…

Hay quienes afirman que los que hablamos de la Verdad como la que sostiene y da sentido a la vida, es otra creencia más.  Subjetiva como podría ser otra cualquiera. Estos mismos dicen que cuando hablamos de lo natural, como pudiera ser el matrimonio o la familia natural, lo hacemos empleando una ideología como pudiera ser la de género.

Olvidan que por encima de todos los pensamientos, creencias, ideologías y opiniones hay una Verdad. Y que quien la experimenta encuentra la verdadera felicidad. Encuentra ese camino seguro en el que no se va a la deriva.

Dicen que lo natural es lo que emerge de los instintos.  Pero olvidan que lo natural del ser humano nace de su ser varón o mujer, realidad inmutable por mucho que quieran negar.

Dicha afirmación va de la mano de su capacidad de dirigir su vida con la inteligencia y la voluntad -única de las personas y no en los animales-  hacia la plenitud personal no hacia el enrroscamiento en si egoísta y relativista.

La ideología de género arranca de raíz la propia esencia de la persona, la identidad personal que cada uno tenemos.

Deja al ser humano a merced de los vaivenes de la vida sin un rumbo, sin unas metas y horizonte hacia el que guiarse más allá del pequeño mundo que cada uno se va construyendo alrededor de su «ego».  Girando sobre si mismo, sobre su pretendida existencia frustrada de superhombre.

Por esto la carta de San Pablo goza de gran actualidad. Nos invita a no olvidar esas tradiciones de las que habla, lo que se ha intentado preservar siempre.

San Pablo nos anima a no olvidar aquello que se nos  ha transmitido como la verdad que da consistencia y otorga una base real, no ilusoria, en nuestro existir de cada día. Preservando la familia y el matrimonio como tesoros que sostienen la humanidad.

Una Verdad que es el saberse pensado y creado por Dios. El saberse amado hasta el extremo de que un inocente, libre y por obediencia, se dejó maltratar para abrirnos las puertas del cielo, de la felicidad permanente. Cielo que teníamos cerrado por esa pretensión de nuestros padres de creerse el superhombre que todo lo puede y cómo por puro Amor Cristo las abrió para que fuésemos libres.

SUPERHOMBRE

ESTA ES LA ÚNICA Y VERDADERA VERDAD.

Lo demás se desinflará como un globo que arrinconado se quedó olvidado tras una fiesta de cumpleaños.  Tras ser utilizado para su fin: divertir, pasar el rato… y poco más, ya nadie más se acordó de el.

La Ideología de género, el relativismo, la vida placentera… arranca estas raíces dejando un rastro de muerte a su paso. Dejando vidas destruidas por dentro con un sufrimiento profundo porque se han creido la gran mentira.

Por esto hemos de saber defender la verdad con valentía, cómo nos suscita San Pablo en esta lectura. Y que para terminar nos aporta un gran consejo para reflexionar.

«Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta.

Que el mismo Señor nuestro Jesucristo y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado y que nos ha dado gratuitamente una consolación eterna y una esperanza dichosa, consuele vuestros corazones y los afiance en toda obra y palabra buena.»

Espero que te haya aportado un poquito más de luz esta reflexión. Y de este verla con la mentalidad y según las circunstancias propias de nuestra época.

Un saludo y hasta pronto!!

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