¿Qué es la felicidad? ¿Dónde está su origen?

Tiempo de lectura: 7 minutos

No es raro preguntarse ¿Qué es la felicidad?

Podríamos pensar que es un estado de alegría, una sensación de bienestar, de gozo, plenitud, placer

Todos la ansiamos y la buscamos de una manera u otra. A veces pudiera ser que la experimentamos pero parece como que se desvanece con el tiempo

¿La felicidad tiene sus días contados o puede ser permanente?

Veamos donde está el origen de la felicidad a la vez que averiguamos qué es.

Es una palabra bastante compleja, porque para cada uno felicidad podría tener un significado diferente según su propia experiencia, sus puntos de vista, sus expectativas…

Según esta afirmación podríamos sosotener que para algunos felicidad podría suponer algo que para otros sería perjudicial, ¿no es así?

Supongamos que  el sueño de Juán es tener una moto y que después de varios años la consigue, se siente a rebosar de felicidad cuando va sobre ella a toda velocidad por la carretera…, a los 5 años sufre un accidente y desde entonces quedó en silla de ruedas… ¿ estaba en la moto la fuente de su felicidad? Como supondrás, no, entonces…

¿la felicidad depende de las cosas que conseguimos tener? 

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Estamos sumergidos en una época materialista donde lo normal es consumir, tener cosas, usar y tirar. Nuestras preocupaciones giran en torno al hecho de tener el armario lleno de ropa para cada ocasión, lograr el móvil último que ha salido, disfrutar de una casa en la playa y en la montaña, irnos de vacaciones…

Estas situaciones la experimentan más los adolescentes y jóvenes, que quizás, han tenido todo fácil y han pensado que ahí estaba la felicidad.

¿Y si no tienes esas zapatillas deportivas o esos tacones que tanto te gustan?. ¿Si no puedes salir este año de
vacaciones? ¿Si tienes que vender tú apartamento de la playa porque no puedes pagar la hipoteca? o ¿qué ocurriría si no puedes salir fuera a estudiar porque no hay dinero? ¿o si el chico que te gusta pasa de ti?…

¿Ya no serías feliz sin esas cosas que crees necesitar?

El problema está precisamente en esto, en que nos creamos en ocasiones necesidades de cosas que en realidad no son tan imprescindibles…

La felicidad está muy por encima de esas necesidades materiales, incluso de las más elementales que todas las personas tenemos como el comer…

¿Dónde está entonces la fuente de la felicidad?

La felicidad está a un nivel muy superior a lo que alcanzamos a apreciar a simple vista.

La felicidad no puede ser tan chata y breve!! No puede depender de un pantalón vaquero, un partido de futbol o de un viaje.

Claro está que no quiero dar a entender que es malo tener cosas, la verdadera felicidad no está reñida con el
disfrutar de lo que tenemos, siempre que no pongamos nuestras mayores esperanzas de ser felices en ellas.

También aparece a menudo el hecho de poner nuestro anhelo y deseo de felicidad en lo que nos aporte alguna
persona
: tú novio, tú mejor amiga, un hijo, el marido…Tener ese hijo tan esperado entre los brazos, el amor que tu marido te hace experimentar, poder hablar con tu amiga sobre tu mundo interior con total sinceridad…

Sin duda todo esto te llenará de unos profundos sentimientos de alegría inigualables, te sumerge en un mar de emociones, de sensaciones que fácilmente podríamos llamar felicidad. Sin embargo no dejan de ser eso, sentimientos y emociones que nos embargan.

Pero ¿qué ocurre cuando tu hijo ya no es lo que tú soñabas, cuándo tu mejor amiga te falla o cuándo tu marido no
es tan cariñoso y atento como al principio? ¿Dónde iría a parar esa felicidad cuándo tu novio te deja por otra? ¿se
va tu felicidad con ellos?

 ¿Tu felicidad depende de los otros?

Los sentimientos y sensaciones que nos hace sentir un tranquilo y romántico anochecer mientras nos balanceamos por el ritmo de las serenas aguas que mueven nuestra barca, pueden acercarnos a lo que llamamos felicidad o paz, incluso. Pero se trata de una aproximación, no de un todo, ya que tarde o temprano esa situación terminará y tendremos que regresar a tierra.

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El gozo que se siente cuando esa persona a la que quieres, te mira a los ojos y te susurra bellas palabras, es maravilloso, pero tampoco ese instante fugaz es tan sólo la felicidad, nos acerca, pero va más allá. La fuente de la felicidad tampoco puede estar en estos momentos, que aunque maravillosos, se van…

Las emociones y sentimientos, por muy gratificantes que sean, son momentáneos y temporales, tienen un límite en su escenificación, van y vienen como el viento…

La felicidad es permanente aunque se tengan luchas y situaciones complicadas. La felicidad puede resistir fuerte en el interior de cada uno.

También podemos pensar que si logramos un buen trabajo que nos llene los bolsillos, podremos ser más felices. Sin embargo el mundo está lleno de personas muy poderosas, con fama y dinero que son infelices e incluso llegan al suicidio pero si vamos a un barrio marginal, veremos a niños descalzos y sucios sonriendo.

Nos agarramos a las cosas y a las personas pidiéndoles (inconscientemente la mayoría de las veces) que nos llenen de felicidad.


Tampoco el placer es fuente de felicidad. En otro artículo que escribí:  “¿El placer esclaviza o hace más libre? , nos adentramos con un poco de más profundidad en este tema. Hay quienes persiguen el placer como si su felicidad dependiera de eso.


Podemos  también llegar a confundir tener libertad en el sentido de hacer lo que nos dé la gana, con ser más felices. Tener más momentos de placer con gozar de más felicidad. Y tal como apunté en el anterior artículo citado, en ocasiones andamos esclavos de las cosas
buscando colmar nuestras ansias de felicidad sin darnos cuentas que nos alejan más de ella.

 

Veamos que nos cuenta el Youcat (recuerdo que es el Catecismo
joven de la Iglesia católica), en el nº 281:

Dios ha puesto en nuestro corazón un deseo tan infinito de felicidad que nadie lo puede saciar, sólo Dios mismo. Todas las satisfacciones terrenas son un anticipo de la felicidad eterna…”.

 

Entonces, según esto, ¿qué nos puede llevar a la fuente de la felicidad? Vamos a pensar un poco, adentrémonos en ese yo interior que a veces tenemos olvidado entre tanto aparentar lo que otros quieren que hagamos o tengamos.

¿Por qué nos dice el Catecismo que tan sólo Dios nos puede saciar de felicidad?

Dios es el amor puro y genuino y Él  nos enseña a amar a los demás así.

Mediante un amor que va más allá de buscarse a uno mismo, un amor que es entrega incondicional al otro sin querer que a cambio nos de algo (amistad, compañía, placer, dinero…), nos podremos ir acercando al origen de la felicidad.

En nuestro interior llevamos esa huella de amor tatuada, pues venimos de su amor, de Él y hacia Él nos encaminamos. Todo lo demás, las cosas y personas que tenemos a nuestro alrededor y que nos vamos encontrando por nuestro camino, no son más que medios, experiencias y situaciones que podemos aprovechar para amar más y mejor y así alcanzar más esa felicidad plena a la que estamos llamados a vivir: la
Vida Eterna. La cual ya podemos comenzar a experimentar en el momento en que aceptamos en nuestro corazón ese amor de Dios que todo lo transforma en paz, descanso y felicidad.

 

Aceptando la voluntad de Dios y no tan sólo buscando la nuestra, nuestros caprichos, cabezonerías muchas veces, nuestro modo de ver las cosas, podremos encontrar la fuente de la felicidad.

Podemos dejar pasarnos la vida viviendo en un continuo esfuerzo por alcanzarla, sufriendo en ocasiones inútilmente, cayendo en un gran vacío… O podemos mirar un poquito por encima de nosotros mismos, nuestros orgullos y egoísmos, nuestro “yo” y tan sólo así seremos
capaces de comenzar a ver el mundo con otra mirada, con los ojos del Amor Verdadero.

San Agustín nos enseña que

El fin del conocimiento es saber qué debo hacer, qué se debe buscar. Más desgraciado será, nos dice, el que consigue alcanzar lo que no le conviene que el que no consigue lo que desea.

En ocasiones confundimos lo que es realmente bueno para nosotros. Nos indica que lo que conviene al hombre es aquello que no está sujeto a los vaivenes, lo que va cambiando (como los sentimientos y sensaciones). Sino que será lo permanente, lo que es eterno e
inmaterial
.

Esto es lo que podrá satisfacer al hambre que tiene toda persona de “ser” y ser en un estado permanentemente feliz.

Tan sólo en Dios podremos encontrar esta eternidad y permanencia.

¿Sientes que buscas continuamente llenar algún vacío interior y no logras colmarlo?. ¿Alguna vez has sentido que
eras o estabas en un estado totalmente feliz pero al tiempo esa sensación se ha desvanecido?

Ten presente que no eres el único que busca saciar el interior de felicidad, pues Dios lo ha puesto en nuestro corazón pero tan sólo Él podrá colmarnos.

 

No te vayas sin echarle un vistazo al fantástico e imprescindible libro que acabo de publicar, un completo manual para todos los que nos preocupamos por la educación de los niños para que crezcan libres y sin caer en los engaños de la IDEOLOGÍA DE GÉNERO.

Pincha en la imagen para leer el resumen.

 

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Un saludo y hasta muy pronto.

 

ALICIA BEATRIZ MONTES FERRER

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