Los frutos del Espíritu Santo
Defensa del Cristianismo,  Espíritu Santo

Los frutos del ESPÍRITU SANTO

Descubre de qué manera los frutos del Espíritu Santo te ayudan en tu vida

El Espíritu Santo nos regala unos dones como ya vimos en otros capítulos, y estos dones nos ayudan a dar unos frutos muy buenos, que se resumen en uno solo: la santidad.

Imagínate que eres un árbol con muchas ramas. Cada una de esas ramas tiene muchas hojas grandes y verdes que son medicinales, todo aquel que las toma se cura de sus enfermedades, hasta de las más graves. Y de cada rama cuelgan un sinfín de frutos exquisitos. Los beneficios para quienes los comen es la de vivir siempre en permanente felicidad…

Si una de esas ramas se rompe y se desprende del árbol, ya no podrá seguir viviendo, porque necesita estar unida al árbol para alimentarse. Por eso es muy importante que el árbol esté fuerte y bien alimentado.

Su alimento proviene de un manantial que tiene su origen en un lugar sagrado: el santuario de Dios.

Nosotros somos como ese árbol y Jesús nos dice que para poder vivir debemos permanecer unidos a él y lo compara como un sarmiento a su vid. Él es el que nos da la verdadera vida feliz.

¿Dónde podemos alimentarnos para dar esos frutos buenos?

Esos frutos florecen en el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. En ella se nos dan los sacramentos y la Palabra de Dios que es como la buena tierra que nos ayuda a crecer. Y cuando acogemos esa Palabra de Dios que se nos da gratis, entonces podremos dar a los demás, gratis, muchos frutos: la alegría, el amor, la Paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la mansedumbre, la fidelidad, el dominio de sí o la castidad…

A veces las preocupaciones, miedos, pecados o problemas que nos surgen, hacen que dejemos de escuchar esa palabra de Dios y nos alejan de la Iglesia. Entonces no podemos seguir regando ese árbol, que somos tu y yo, para que de buen fruto, las hojas se marchitan, se caen y las ramas se secan.

En la Iglesia se nos regala el Espíritu Santo que es el alimento que necesitamos para dar frutos buenos

Este Espíritu Santo regará el árbol y sus hojas serán medicina para los que se acerquen a él, curando a la gente de las enfermedades del pecado. Otras personas que no conocen a Dios o se han alejado de la Iglesia, al ver en ti esos buenos frutos, podrán regresar y sentir de nuevo la paz y felicidad que sólo Dios da.

Jesucristo invita a sus discípulos y a nosotros que permanezcamos unidos a la vid para que demos mucho fruto y ese fruto permanezca. ¿Cómo hacer para que sea un fruto para siempre? El amor es el fruto permanente que Cristo ha dejado en su Iglesia. Ahí está el templo del Espíritu Santo, que es Jesús y de donde surgen los frutos: el fruto de la entrega a los demás, del amor, del perdón… que podrás dar si no te separas del amor de Dios.

Así que ya sabes, alimenta tu árbol de la vida con la gracia del Espíritu Santo y todas tus ramas estarán llenas de muy buenos frutos de santidad.

Un saludo, la Paz y hasta muy pronto:

ALICIA BEATRIZ MONTES FERRER

Contenido adaptado para niños extraido de las Catequesis sobre el Espíritu Santo del seminario Redemptoris Mater de Medellin

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